Introducción: Hay ocasiones en que nosotros, por la vida cotidiana, no nos detenemos a meditar en todas esas cosas que nuestro Señor Jesucristo dio por la humanidad. Se nos olvida que el Padre Celestial entregó a su único Hijo, que nuestro Señor Jesucristo vino y dio su vida para que cada uno de nosotros, hoy en día, tenga la oportunidad de reconciliación con el Padre Celestial.
Todos hemos dado algo en alguna ocasión de nuestra vida y sentimos una gran satisfacción cuando lo hacemos de corazón, no sentimos pesar al darlo… así nuestro Señor Jesucristo dio voluntariamente su vida, y los sufrimientos padecidos hasta su muerte; todo lo dio por nosotros y por todos los pecadores.
Es importante conocer el significado de las palabras, pues darán una idea más clara de lo que queremos conocer.
Significado de la Palabra Dar: Donar; Entregar; Soltar una cosa, desprenderse de ella; Entregarse, ceder en la resistencia; Refiere que se da voluntariamente.
Encontramos en el Libro de Isaías 50:6 lo siguiente; ” …di mis espaldas a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me mesaban (arrancaban) la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (escupidas, flemas).
Si anteriormente habíamos leído este texto, nos damos cuenta del sufrimiento que el Maestro sabía que habría de padecer, cuando estuviera aquí en la tierra. Pero no fue tan simple como nacer y venir a este mundo, si no que cumplió cada uno de las profecías, que se habían escrito desde mucho tiempo antes. Todo esto y más sufrió Cristo, paciente y voluntariamente, para darnos a entender su disposición al salvarnos del pecado. El vino a Dar; a Donar, a Entregar, a dar Voluntariamente; su vida.
I.- El se dio a si Mismo.
Esta frase: “el se dio a sí mismo” nos dice que nadie obligó a nuestro Señor Jesucristo a hacerlo, se dio voluntariamente, sabiendo lo que ya estaba escrito: “…como un cordero paciente, esperó ese momento…”
Cuando fue arrestado (Juan 18:4-9), el Señor sale al encuentro de la personas que venían a arrestarle, no se escondió, sino que sabía que la hora se había acercado y tenía que cumplir la profecías; tampoco permitió que otro padeciera sino sólo él, para que se cumpliera lo que estaba escrito: “..de los que me diste a mí, no perdí ninguno” (vs.9), él era el único que iba a ser dado en sacrificio y no alguno de los que le fueron dados, sus apóstoles.
El apóstol Pablo nos dice, “…así como también Cristo se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Efesios 5:1,2). Él se dio a sí mismo, se dio voluntariamente, por el grande amor que siente por todos nosotros, él fue ese sacrificio, que necesitábamos los pecadores, para tener reconciliación con nuestro Padre Celestial, era esa fragante aroma, para ser perdonados cada uno de nosotros, no sólo se dio por nosotros los pecadores, también se dio por la Iglesia (vs. 25).
“…así como también Cristo se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma”
II.- Di…mi espalda.
…Di mi espalda a los que me golpeaban (Isaías 50:6). Cuando fue arrestado no puso resistencia, se entregó; de hecho, no causó ningún disturbio, si no que voluntariamente salió al encuentro de ellos. Una vez que lo llevaron ante el Concilio, fue presentado ante Pilato, el cual le mandó azotar, “…después de hacerle azotar” (Mateo 27:26; Marcos 15:15).
Él, nuestro maestro, dio su espalda para ser azotada, esos azotes que nos correspondía, que cada uno merecía por su pecado, él los llevó en su espalda, por ese grandioso amor que tiene por nosotros.
Dicen los historiadores y comentaristas que los azotes eran medidas crueles utilizadas mayormente con los esclavos. Eran usados para tal fin látigos de cuero, que tenían pedazos de metal en la puntas, principalmente plomo, que se encajaban en la carne, rasgándola y haciendo heridas profundas en la persona que era azotada.
Este era un castigo muy cruel, especialmente cuando era ejecutado por los romanos, quienes no estaban sujetos a la Ley Mosaica, en la que se moderaba el castigo, y no se permitía pasar de 39 azotes, pero los romanos daban uno más por si les había fallado la cuenta daban hasta 40 azotes (2° Corintios 11:24).
Así nuestro Maestro recibió 40 azotes, recibió ese cruel castigo, el plomo de 40 ocasiones rasgó su espalda, 40 heridas.
Imaginemos por un momento esa escena: los soldados eran personas sin compasión, sin remordimientos, frías, unos verdugos, con toda su fuerza dirigiendo el látigo a la espalda de nuestro Maestro en 40 ocasiones. Es terrible ver a una persona cuando es golpeada sin motivo alguno, injustamente; ahora, ver a nuestro Maestro, a nuestro Señor Jesucristo recibiendo esos azotes por culpa de nosotros, hace más desgarradora la escena, ¿acaso no sentiríamos dolor, impotencia, no nos dolería verlo a él recibiendo ese cruel castigo? Sólo una persona que no tiene sentimientos podría responder que negativamente, entonces ¿por qué no tomamos ese valor, ese respeto que merece, ese cruel castigo que él sufrió por nosotros? quitó el azote de nuestras espaldas y lo llevó consigo. ¡El dio su espalda para ser herida y recibir el castigo que merecíamos!
III.- Di mis mejillas.
No sólo entregó su espalda el Maestro, si no también sus mejillas; “..y mis mejillas a los que me mesaban (arrancaban) la barba” (Isaías 50:6); esto lo hacían para humillarle; para el judío, arrancar la barba en frente de otras personas era sinónimo de humillación.
Según los comentaristas e historiadores, una de las mayores afrentas u ofensas para un judío era que se le arrancara la barba, o se le cortara parte de su cabello en frente de la gente.
Tenemos cómo a los siervos de David se les hizo esta gran ofensa, Ha Nún les rapó la mitad de la barba y entonces David les pide que se queden en la ciudad de Jericó hasta que les crezca su barba, ya que ellos estaban en extremo avergonzados (2° Samuel 10:4,5), vemos como para un judío el rapar, o arrancarle su barba era para humillarlo. Esto era una gran humillación para la persona que sufría tal afrenta.,
Esta humillación, esta gran ofensa, la sufrió nuestro Maestro por nosotros, él fue exhibido en frente de la gente con su barba rapada y casi desnudo, lo cual era otra manera de humillación para un judío. Fue avergonzado en frente del pueblo; encontramos cómo muchos de ellos principalmente los soldados romanos, se burlaban y mofaban, diciéndole: “Salve, Rey de los Judíos”, mientras lo golpeaban (Mateo 27:29,30).
Dio sus mejillas a los que le arrancaban la barba… es sinónimo de humillación, y el aceptó ser humillado, avergonzado, por nosotros; esa humillación que debía ser llevada por nosotros, quienes debíamos pasar por esa situación tan vergonzosa, la llevó consigo el Maestro.
El dio sus mejillas a los que le arrancaban la barba… esto es sinónimo de humillación
IV.- Di mi Rostro.
Aparte de dar su espalda para ser azotada, de dar sus mejillas para que fuese humillado, “…no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (escupidas, flemas).
El Maestro no escondió su rostro, enfrentó toda la acusación en su contra; vemos cómo se busca la manera de hacerle caer, trayendo falsos testimonios, “Más él callaba y nada respondía” (Marcos 14:61).
Cuando escucharon que él era el Hijo de Dios: “y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro, y a darle de puñetazos y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas” (Marcos 14:65).
Así mismo, los hombres que lo custodiaban se burlaban de él, le golpeaban, le vendaban los ojos y le golpeaban en el rostro, y le cuestionaban quién era quien le había golpeado (Lucas 22:63,64).
El rostro de nuestro maestro fue golpeado sin piedad, sin misericordia, tanto por la gente del concilio, como por los soldados romanos. Aunque en la Biblia no se registra la cantidad de golpes recibidos en la cara, el solo hecho de recibir uno en el rostro es sinónimo de dolor; pero nuestro maestro no escondió su rostro para que fuese golpeado y recibió esa ofensa en su cara. No lo escondió ante las escupidas, cuando los Soldados lo tenían custodiado, recibió en su rostro las escupidas de ellos y de toda persona del Concilio.
Algo doloroso es recibir un golpe en la cara o una bofetada. Vemos cómo el Maestro recibió de varias personas golpes, bofetadas y no solo eso también recibió escupidas o como conocemos flemas, algo desagradable. Nadie gusta de ser escupido, pero al Maestro lo escupieron en su rostro.
Jesús recibió cada uno de los golpes que merecíamos, recibió las escupidas que eran para nosotros, él no escondió su rostro, sino al contrario lo dio, lo entregó voluntariamente, para que no sufriéramos estas afrentas u ofensas.
Aperte de dar su espalda para ser azotada, de dar sus mejillas para que fuese humillado, “… no escondí mi rostro de injurias y de esputos (escupidas, flemas)”
Conclusión: El Dio su espalda, sus mejillas y su rostro, pero ahora nace una pregunta: ¿Por qué lo hizo?
1.- Por el Amor que siente por nosotros. Es tan grande el Amor que siente nuestro Señor Jesucristo por cada uno de los pecadores, que por ese grande Amor DIO su vida, se DIO en Sacrificio u Ofrenda a Dios (Efesios 5:1,2). Demostró ese grande Amor en que aún siendo débiles y pecadores vino a morir por nosotros, siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por su muerte (Romanos 5:6,8,10).
2.- Porque quiere que nos Salvemos. El se Dio voluntariamente porque quiere darnos la salvación, quiere que estemos reconciliados con nuestro Padre Celestial, por eso se Dio para que todos los pecadores se salven (Lucas 24:46,47).
¿Qué vamos a hacer ahora? ya conocemos en parte todo lo que el maestro sufrió por nosotros, que él se Dio y se entregó por Amor a nosotros pecadores, porque quiere que nos Salvemos y estemos reconciliados con Dios. Llevó consigo todo los sufrimientos que nos tocaba llevar. Fue fiel hasta la muerte y entregó su vida por nosotros.
“yo lo di por ti…..” ¿nosotros qué vamos a dar por nuestro Señor Jesucristo?
Por el Editor

El pensar en los momentos que tuvo que atravesar Jesús ese día tan horrible para él pero a la vez tan glorioso para todo aquel que cree en él sea salvo y tenga vida eterna, muchas veces hemos leído los pasajes de la crucificción de Cristo en los evangelios, pero jamas al menos yo me he detenido a pensar que el amor ue cada uno de nosotros dice tener dentro es tan pobre pero tan ínfimo,tan pequeño,tan ridiculo comparado con el amor que siente el Padre por nosotros pues quien en su sano juicio entrega a uno de sus hijos para que pase por ese tormento, yo que soy madre pienso que yo me daría antes que mis hijos y evitarles cualquier pena a ellos, pero debemos sentirnos realmente dichosos de ser los privilegiados por el amor de nuestro Dios, que nos amo tanto que entrego a su unico hijo.