Dañando la integridad de mi projimo
Hoy en día hemos ido adoptando formas, acciones o modismos de lo que comúnmente la gente hace, muchas de esas cosas por lo general resultan ser inofensivas, pero hay otras que realmente con el simple hecho de hacerlo, podemos dañar a la persona.
Una de esas cosas es lo que comúnmente solemos llamar murmuración.
Quizás pensemos que estamos exagerando, pero realmente no es así, cuando vemos el resultado final de la misma. No nos percatamos de lo devastador que puede resultar tal acción, no podemos ver la magnitud y consecuencias que pueden repercutir con solo llevarlo a cabo. Hay personas que realmente se han ido, han abandonado las filas del Señor por esta acción, por la pérdida de toda esperanza.
Un hermano en una ocasión comento lo siguiente: Vengo saliendo del mundo y me encuentro que dentro de la Iglesia está igual, puras murmuraciones, parece que no somos hermanos en la fe.
La murmuración es sinónimo de difamación lo cual significa: Es la comunicación a una o más personas con el ánimo de dañar, de una acusación que se hace a otra persona física o moral de un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que pueda causar o cause a esta una afectación en su honor, dignidad o reputación. También es llamada Calumnia, Falso Testimonio.
Entonces vemos que la murmuración es lo mismo que la difamación y también el chisme. Esto es hablar deshonestamente de una persona con la finalidad de causarle algún daño o para desprestigiarlo.
Pero esto, no nos debe de tomar por sorpresa, solo debemos de tener en mente lo siguiente: “Aquello que fue ya es, y lo que ha de ser ya fue. Dios recupera lo que ya pasó” (Eclesiastés 3:15). Como todo ya sucedió, nada es nuevo en este mundo, y encontramos en las escrituras como se le condena por parte de nuestro DIOS. “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez” (Santiago 4:11).
Por lo general cuando los hermanos nos exhortan o nos están animando para realizar algún cambio en nuestra vida espiritual, la reacción de nosotros para con estos hermanos, es que empezamos a defendernos, y esa forma por lo general es como menciona Santiago, murmurando, acusando falsamente o procurar difamarle, con el fin de distraer la atención de mi mala conducta ante los demás. Esta práctica de realizar la crítica, pero destructiva contra mi hermano, va en contra de lo que dice; “…No dirás falso testimonio” (Mateo 19:18).
Santiago esta mencionando, el que habla mal de su hermano, injustamente y le juzga –es decir, le codena-, en realidad está hablando mal en contra de la ley de Cristo, ya que nosotros debemos ante cualquier cosa amar a nuestro hermano; “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34). No podemos decir que amamos a nuestro hermano cuando nosotros hablamos a espaldas de ellos o es lo que mencionamos anteriormente le difamamos, estamos haciendo falso testimonio. Y eso es lo que DIOS está diciendo que NO hagamos.
Cualquiera que practique este pecado deberá sufrir las mismas consecuencias, es decir será juzgado por el Señor severamente y este puede llevarnos a la condenación eterna.
Otras de las formas con que podemos faltar a esta exhortación, es con el chisme, como hemos mencionado esto no es nuevo y sobre todo que no es una práctica de este siglo, sino que lleva años realizándose y que ha pasado de generación en generación y se vuelve muy común el realizarlo. Fue un mandamiento que se le dio al pueblo de Israel; “No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.” (Levítico 19:16). Estaba prohibido bajo la ley de Moisés que se llevare acabo.
Por lo general el que utiliza el chisme anda mencionando cosas que son falsas, que no le constan que él vio o lo que por ahí escucho, nunca teniendo pruebas de lo que dice. Es utilizado el chisme para mal representar a una persona, aumentar las fallas que se tiene, siendo crítico destructivo de las acciones, insinuando y levantando malas sospechas, que hagan dudar.
No debemos pues tener asociación con ningún hermano que es difamador o calumniador. La razón para excomulgar al chismoso que no se arrepiente es para eliminar las contiendas
El chisme refleja lo que existe en verdad en el corazón, esto es el odio secreto que está alojado perversamente en el. Ya los profetas escribieron con respecto a este vacío que existe en el hombre para hacer tal acción; “Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda calumniando. Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad; acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente” (Jeremías 9:4, 5); “Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti; hicieron en medio de ti perversidades” (Ezequiel 22:9). Parce que es más fácil chismear que amar a mi prójimo.
Pero en verdad los que hacen este tipo de vida, chismeando de aquí para allá, son aquellos que no están involucrados en la obra del Señor, están de ociosos, no hacen nada y con el mucho tiempo que tienen solo andan viendo a su alrededor para encontrar alguna falla por insignificante que sea y de ahí agarrarse para darlo a conocer a todo mundo; “Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno” (2ª Tesalonicenses 3:11); “Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran” (1ª Timoteo 5:13). La persona ociosa busca la forma para denigrar a los demás, causarle daño – daños irreparables en ocasiones-, apuñalando la espalda de su prójimo, sobre todo repitiendo los rumores que él no puede confirmar que sean verdad, solo lo que busca es lastimar. Preocupándose más por la vida de los demás en vez de perfeccionar su vida cristiana.
Por eso, la advertencia para todos es clara, debemos de tener cuidado de no caer en murmurar en contra de mi prójimo, porque tiene serias consecuencias si nosotros no hacemos caso, Pablo así lo dice, haciendo mención a como el pueblo judío murmuro en contra de nuestro DIOS y sufrieron la consecuencia de morir; “Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor” (1ª Corintios 10:10).
Seremos severamente castigados por DIOS, como el caso de Aarón y María, que murmuraron en contra de Moisés; “María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.” (Números 12:1). Por murmurar en contra de Moisés, DIOS le mando lepra a María como castigo, al instante al darse cuenta Aarón imploro por ellos por causa del pecado que habían cometido, porque no murmuraron en contra de Moisés sino de DIOS. “Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado” (Números 12:9-11).
Cualquiera que practique este pecado deberá sufrir las mismas consecuencias, es decir será juzgado por el Señor severamente y este puede llevarnos a la condenación eterna.
Algunas de las consecuencias de la murmuración, o también como hemos visto el ser chismoso, es que esta acción levanta pelitos, contiendas entre personas, así lo dice proverbios; “El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos” (Proverbios 16:28). Qué triste es que unos buenos amigos se separen, dejen de serlo, y más cuando fue por causa de las murmuraciones. Grandes amistades se han venido abajo por este hecho, por eso el proverbio nos instruye que no debemos de permitirlo. La forma en que se murmura, las palabras, resultan ser suaves, que parece que son inofensivas, pero que tienen un trasfondo que dañan; “Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 18:8). La consecuencia de la murmuración es el daño, se queda dañada la integridad de la persona, de la amistad, y como consecuencia vienen los pleitos, que jamás terminan de solucionarse o perdonarse.
La Biblia de las Américas dice; “sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, …” (1ª Corintios 5:11). No debemos pues tener asociación con ningún hermano que es difamador o calumniador. La razón para excomulgar al chismoso que no se arrepiente es para eliminar las contiendas; “Sin leña se apaga el fuego, y sin chismes se acaba el pleito” (Proverbios 26:20).
Por tanto; “El chismoso no sabe guardar un secreto, así que no te juntes con gente chismosa” (Proverbios 20:19). No te asocies con el chismoso, es el consejo de tu DIOS. Y no prestemos atención a la lengua detractora, porque si no seremos igual que ellos; “El malvado y el mentiroso hacen caso de las malas lenguas” (Proverbios 17:4).
Esta en nosotros el poder detener a aquellos que son difamadores, chismosos o que andan murmurando, no prestando nuestro oído a tal acción. Aunque a ellos esto les cause molestia o se enojen; “El viento del norte trae la lluvia, Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira” (Proverbios 25:23). Sin importar cual sea su reacción nosotros debemos detenerlo por el amor y el bienestar por todos nuestros amados hermanos en Cristo y así evitar que dañemos su integridad.
DIOS nos ha dejado con la responsabilidad de velar, ser los Atalayas de su pueblo, el velar por el por el bienestar de cada uno de ellos, y parte de esa responsabilidad es de no dejar que se siga, utilizando dentro de la iglesia la murmuración como una forma de comunicación, la cual vimos que ha causado desde la antigüedad hasta hoy la actualidad muchos estragos. Por eso la invitación es a que analicémonos bien primeramente para quitarlo de nuestra vida y así animar a todo hermano que lo haga a no hacerlo más por el bien y la dignidad de nuestro prójimo.
Esta en nosotros el poder detener a aquellos que son difamadores, chismosos o que andan murmurando, no prestando nuestro oído a tal acción, porque es nuestro deber y es nuestra responsabilidad hacerlo
